jueves, agosto 16, 2007

Avelino, el pintor


Avelino era andaluz. Y legionario. Y feo, muy feo. Se parecía a un dibujo de Forges, con sus gafas y todo. Estando en la Legión, le tocó la lotería. Y claro, desertó. Se largó a las Canarias y en unos meses se gastó todo el dinero en alcohol y mujeres: "coza güena", como él mismo decía. Yo le conocí cuando ya hacía muchos años que todo aquello había quedado atrás y se había convertido en un sesentón cachondo y alérgico al trabajo, al que su mujer no quería ver por casa (cosa fácil de entender), y que se pasaba las mañanas en la tienda donde yo trabajaba, de tertulia. Normalmente los viejos se reúnen en los parques, delante de las obras de la calle y en ese tipo de sitios, pero él prefería venir a darnos el coñazo a la tienda. Con sus pantalones grises, su cazadora marrón de cuero barato y su pelo engominado y peinado hacia atrás. Si había que hacerle caso, trabajaba de pintor de brocha gorda, aunque ninguno de nosotros le vio trabajar jamás. Eso sí, algunas mañanas no venía porque "había ido a hacer un porzupuezto" para pintar una casa. Igual era verdad. Lo cierto es que, después de la tienda, donde más le gustaba estar era en la casa de putas del barrio. Se vanagloriaba del efecto que provocaba en ellas su tatuaje en la polla: un ratón, recuerdo de su época de legionario, al parecer. Ni que decir tiene que eso tampoco lo llegamos a verificar nunca. "En cuanto lez enzeño el ratonsillo ze ponen cashonda, jajaja!!" presumía, muy ufano, haciendo gala de una breve y amarillenta dentadura. Aunque le gustaba gastarse el dinero en putas, le fastidiaba reconocer lo pronto que se le iba el sueldo, porque al acostarse con alguna de ellas "eztán tan güena que enzeguía me voy a la mierda" con lo que las dos mil pesetas de turno se esfumaban a velocidad de vértigo. Me supo mal perderle de vista, cuando abandoné aquel sitio. La verdad es que era de lo más entretenido que había por allí. Supongo que ya habrá muerto. Pensándolo bien, en el fondo su vida no fue demasiado distinta a la de Picasso.

7 Comments:

At 2:29 p. m., Anonymous Anónimo said...

"En cuanto lez enzeño el ratonsillo ze ponen cashonda, jajaja!!"

A mí se me quitarían las ganas de golpe. Bueno, en realidad, por cómo lo has descrito no habría tenido ni ganas, pero en fin...

El típico sesentón con mentalidad arcaica.

 
At 8:38 p. m., Anonymous Anónimo said...

Presupuesto porzupuesto, jejeje... que bueno todo entero, solo una cosa me escama aunque con sonrisilla perversa: la elección del animalillo priapico ¿un raton? No se, un elefante, un oso hormiguero o un pez espada, todavia, ¿no? un ratonsillo, un jodio roedor, yo creo que se me iría la líbido de golpe aunque fuera de 20 centimetros.

 
At 12:45 p. m., Blogger Tyla said...

Jejeje... Sí. Tiene toda la pinta de ser una problemática de "tamaños".
Me imagino al tatuador: "Veamos, don Avelino. Para esta talla tenemos ratones, pulgas u hormigas" y Avelino contestando: "poz me pone el bisho má grande que haiga" :)

 
At 3:53 p. m., Anonymous Anónimo said...

¿Dos mil pesetas? Hace ya tiempo de eso, ¿no? ;)

 
At 4:15 p. m., Blogger Tyla said...

Hace una eternidad, pero es que aparte, el hombre no era demasiado "selecto" en este tipo de cosas. Bueno, ni en este tipo de cosas ni en ningún otro tipo. ;)

 
At 4:01 p. m., Anonymous Anónimo said...

emilio morote dice: muy bueno el cuento o la anécdota o lo que sea esto ¿lo has escrito tú, Tyla? Está muy bien. La frase final es muy efectiva: su vida no era muy distinta de la de Picasso. Hace pensar.

 
At 4:19 p. m., Blogger Tyla said...

Gracias, Emilio.

Pues sí, lo he escrito yo. Y de hecho Avelino es una persona real, a la que conocí hace años.

 

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