viernes, junio 08, 2007

"La soledad", de Jaime Rosales


La ópera prima de Rosales, "Las horas del día", ya era toda una declaración de intenciones. Cine minimalista, de gran naturalismo, sin ninguna clase de estridencias. En su segundo trabajo, ha ido incluso más allá. Ahora ni siquiera se sirve del retrato de un ser llamémosle "anormal", como era el caso del asesino en serie que protagonizaba aquel filme. Aquí las protagonistas principales son dos mujeres, tan vulgares y corrientes como cualquiera.

Es fácil establecer algún paralelismo con "Solas", la obra maestra de Benito Zambrano. Pero Rosales introduce algunas novedades, que hacen que su película sea un producto diferente. Especialmente en lo formal. Se trata de la "polivisión". Una forma de contar en la que vemos la pantalla dividida en dos, estableciendo dos puntos de vista distintos para la misma secuencia. Ese artificio, lejos de distanciar al espectador, le acerca aún más, ampliando el campo de visión, la perspectiva. El espectador se convierte en un testigo privilegiado de lo que sucede. ¿Es un riesgo? Sin duda. Pero bajo mi punto de vista, Rosales sale tan triunfante de su apuesta como lo hiciesen Von Trier con "Dogville" o Gaspar Noé con "Irreversible", por citar dos obras cuyo atrevimiento formal servía para desarrollar el concepto propuesto a las mil maravillas.

Las interpretaciones de las dos actrices principales, Sonia Almarcha (a mi juicio, la mejor interpretación femenina de los últimos años) y Petra Martínez alcanzan cotas de realismo escalofriante. Cada pequeña viñeta, cada pequeño acontecimiento, contado como algo importante. Aún cuando no parezca tener relevancia. Es ésta una película de miradas, de reacciones silenciosas, ante los vaivenes de la vida. Como sentarte en un banco y ponerte a observar la realidad que te rodea. Una vida cualquiera, que no parece estar llena de grandes acontecimientos, en realidad está hecha de momentos, desde los más triviales hasta los más trascendentes. Rosales nos dice que todos cuentan. Que todos tienen su importancia. Pero sin ruido ni florituras, también nos sentimos inmersos en el vértigo de lo inesperado. En la certeza de que todo puede dar un vuelco de la forma más brutal, pero a la vez de la forma más natural. Sin avisos ni advertencias.

A lo largo del filme no hay ni un solo cambio de ritmo. Todo tiene la cadencia justa del paso del tiempo, en tiempo real. Sin música. Sin movimientos de cámara que perturben. La mayoría planos fijos, alguno increíblemente poderoso, como el del atentado en el autobús, que recuerda mucho a uno de los grandes momentos de "El aura" de Fabián Bielinsky.

Obviamente es una película que requiere de un esfuerzo, de una complicidad. El espectador ha de poner de su parte. Para sentirse partícipe de esas existencias grises, de las que resulta difícil abstraerse, una vez te han captado la atención. Partícipe de esas soledades a las que el título hace mención. Porque en realidad siempre estamos solos. Por muchas personas que nos rodeen. Nos enfrentamos solos a todo lo que nos ocurre.

Al parecer Jaime Rosales ha tenido ciertas dificultades, a la hora de financiar este trabajo. Lo cual no es de extrañar, dado el riesgo asumido y visto el panorama del cine actual. Por eso mismo sería una lástima que una carrera que ha empezado de un modo tan prometedor, se quedase estancada en un par de grandes películas. Porque es éste un cineasta que ya mismo hay que situar entre los más destacados del momento.

4 Comments:

At 8:24 p. m., Blogger Mikel said...

He leído tu comentario en la página de Oti. Sí, la peli tiene cierto aura de obra maestra; pero creo que tiene un gran debe, tiene autoconsciencia de obra maestra y se permite el lujo de aburrir al personal. Con esto no estoy diciendo que el cine deba ser Spidermans o Terminators, pero tan perjudicial es no llegar (a hacer pensar) que pasarse: a mí la película me gustó; pero comprendo a la gente qe fue ilusionada a ver una película española inteligente, con fama de ser artística y se llevó tal chasco y tal ración de aburrimiento que acabo a la media hora haciendo comentarios chistosos sobre la película en cuestión.
Es cierto que tiene momentos muy buenos, muy lúcidos e impactantes sobre todo por la forma de filmarlos y contrastarlos con la rutina, pero eso no compensa varias secuencias excesivamente rumiantes, que no aportan absolutamente nada.
Creo que Rosales -si no se lo cree- irá puliendo esos defectillos de artista-narciso, sobre todo cuando se de cuenta que divertir es una profesión muy digna. ¿Hay algo más digno que el circo?
Recuerda una cosa: el arte de Buñuel llego al cielo cuando trabajo con temas de derribo, de serie z, allí donde encontraba la mejor excusa para hacer llegar su vision del mundo a la gente más llana. El cine tiene que ser un arte de masas, es su naturaleza. Para hacerse pajas intelectuales que estudie una cátedra y de la chapa a sus alumnos con lo listo que es.
De todas formas, ojalá todo el mundo fuera como tú al cine a ver pelis como esa.
Un saludo
Mikel

 
At 9:39 a. m., Blogger Náufrago said...

Ante todo, gracias por tu comentario.

Verás, es que yo considero que la expresión "divertir" se puede entender de muchísimas maneras. Por eso, para no resultar equívoco, prefiero utilizar el verbo "disfrutar". Yo con "La soledad" [b]disfruté[/b] de principio a fin. No hubo un solo momento en que mi atención se distrajese o se relajase. Las más de dos horas se me pasaron volando y en ningún caso tuve la sensación de que Rosales se pasase de rosca, en el sentido de abusar de nada. Creo que la peli tiene su punto justo de todo: de ritmo, de dramatismo, de intensidad... Y a mí una peli así, siempre me divierte. O disfruto con ella, como prefieras.

Por otro lado, me parece perfecto que Rosales quiera contarme algo así. No necesito para nada que cambie su forma de hacer cine. Porque tengo la opción (como espectador) de recurrir a un amplio abanico de cineastas, si lo que pretendo es buscar otra serie de cosas. Siempre he pensado que el creador jamás debe pensar en el público. Porque entonces está pervirtiendo su arte, de alguna manera. O mejor dicho: hay cineastas como Spielberg o Hitchcock que piensan en el público constantemente, pero porque el tipo de historias que cuentan y sobretodo la forma de contarlas, lo requieren. Y les funciona a las mil maravillas. Pero los cineastas que apelan a cuestiones más profundas, no deben dejarse llevar por los gustos o las "necesidades" mayoritarias, sino que como mucho deben dirigirse al individuo, al espectador individual. Es la diferencia que hay entre salir a tomar unas copas con un grupo de amigos, o tomarte algo en plan íntimo con una persona. Ambas cosas son válidas y respetables, pero no son lo mismo.

Es mi forma de verlo. Saludos.

 
At 6:48 p. m., Anonymous Óscar said...

Tengo ganas de ir a verla; además, la echan en el cine de mi calle. “Las horas del día” me pareció una película bastante interesante, y de “La soledad” casi todo lo que he leído han sido muy buenas palabras. Creo que habría que ir dándole más cancha a gente como Rosales, Javier Rebollo, Isaki Lacuesta, Marc Recha, Cesc Gay o Roger Gual, que son, al fin y al cabo, los que más están apostando -desde parámetros alejados de las plataformas mediáticas- por un cine de calidad con historias que contar y una solvencia y dignidad técnica que siempre, y esto sí es un prejuicio, acostumbramos a negarle a nuestro cine.
Por cierto, puestos a recomendar, a ver si le echas un vistazo a “La leyenda del tiempo”. Es un peliculón como la copa de un pino.

Saludos!

 
At 10:02 p. m., Blogger Náufrago said...

De los que citas, me quedo con Gay y Gual. Me gusta prácticamente todo lo que han hecho. En cambio, con Marc Recha no puedo. Lo he intentado un par de veces, pero es superior a mis fuerzas. Con ese cineasta siempre tengo la sensación de estar perdiendo el tiempo miserablemente. Es un poco lo que comentaba el compañero anterior sobre Rosales, pero elevado a la enésima potencia.

 

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