"Érase una vez en América"

Sergio Leone se fue dejándonos una obra maestra imperecedera. Una auténtica declaración de amor al cine. Un prodigio de sensibilidad.
Robert de Niro y James Woods encabezando un reparto impecable: Elizabeth McGovern, Jennifer Connelly, Tuesday Weld, Burt Young, Danny Aiello, Treat Williams… les secundan. Espléndida fotografía en tonos ocre, casi el color sepia del pasado que se pierde, que no se podrá recuperar. Uno de los mejores trabajos de Ennio Morricone en la banda sonora, llena de instantes de exquisita belleza. Imágenes que ya desde su origen entraron a formar parte de la Historia del Cine: Deborah bailando bajo la atenta mirada de un joven Noodles, la panda de chiquillos callejeando bajo el Puente de Brooklyn, la cachonda "rueda de reconocimiento" de Tuesday Weld para tratar de discernir qué "miembro" de la banda la violó en el atraco al banco…
Sergio Leone se sirve del subgénero de la Mafia y los gangsters para escribir con trazo maestro su testamento cinematográfico, que va mucho más allá de un filme de género. Que es una inmersión suave y placentera en un submundo de sensaciones que calan muy hondo, de puro romanticismo. Inmersión de la que difícilmente el espectador puede salir indemne. Pocas veces se ha visto reflejado en pantalla el irresistible dolor del paso del tiempo, las heridas que deja tras de sí y que nunca llegan a cicatrizar del todo, como el momento en el que Noodles ve el rostro del hijo de Deborah, con las facciones de su amigo. El amigo que se lo ha arrebatado todo.
Si en sus westerns, Leone era capaz de trasladar al lejano Oeste la intensidad de los instintos más primarios, sobrepasando la simple acción: el odio, la venganza, el miedo a la muerte… con "Érase una vez en América", además de demostrar que su talento iba muchísimo más allá de una serie de constantes formales más o menos novedosas, fue capaz de darle vida a una historia que trasciende de un modo casi obsceno aquello a lo que debería limitarse un entretenimiento como se supone que es el cine. Algo que, como muchos sabemos, es una hermosa mentira, un secreto muy bien guardado. Hay películas que se le clavan a uno, como si fuesen un recuerdo más de su propia existencia, tan cierto como cualquier otro. O incluso más.